
Emily Dickinson (1830–1886) fue una poeta estadounidense del siglo XIX, conocida especialmente por sus poemas oscuros, apasionados y cargados de un lenguaje elíptico, oblicuo, íntimo y personal. Su nombre completo fue Emily Elizabeth Dickinson. Nació en Amherst, en el estado de Massachusetts, en el seno de una familia destacada que procedían directamente de los puritanos que migraron hacia el Nuevo Mundo. Su padre fue Edward Dickinson y su madre, Emily Norcross Dickinson. El matrimonio tuvo tres hijos: Emily, William Austin (1829–1895) y Lavinia (1833–1899) [1]. Siendo niña acudió a la Amherst Academy durante siete años y luego estudió durante un breve periodo de tiempo en el Mount Holyoke Female Seminary. [2]. El contexto en el que Emily creció estuvo muy marcado por la religiosidad puritana, severa y estricta en amplios aspectos de la vida personal y social, la cual no sólo suprimía algunos fenómenos artísticos y sociales como la danza y los juegos, sino que también restringía la música al coro de la iglesia.
Aquel ambiente tan conservador pudo afianzar en ella un carácter introvertido, propenso a la introspección, a la imaginación y al secretismo. Emily nunca llegó a rebelarse en su ambiente familiar, pero eso no le impidió crear su obra literaria y tomar clases de piano. En vida, estudió diversas materias académicas y cultivó una pasión profunda en campos como la jardinería y la botánica, aficiones que le acompañarían el resto de su vida y que también dejarían notable huella en su obra poética.
En la vida de Emily hubo muchos mentores y figuras relevantes que de alguna manera la guiaron en su desarrollo literario. Entre estos primeros mentores se menciona mucho a Leonard Humphrey (1825–1850) [3] y a Benjamin Franklin Newton (1821–1853). También se ha especulado mucho sobre sus amores ocultos y la relación que supuestamente pudo mantener, o al menos, imaginar, con personas que pasaron por su vida. No obstante, el secretismo que mantuvo en vida convierten muchas de esas relaciones en meras especulaciones, aunque un estudio concienciado de su obra no puede menospreciar y obviar la fuerte emocionabilidad y sensibilidad que dirigió hacia varias figuras. Lo que sabemos de su vida es que tras la muerte de sus dos primeros mentores en 1850 y 1853, Emily empezó a recluirse en el silencio de su hogar. Por aquel entonces todavía tenía veintitrés años. Durante esa década conoce a Susan Huntington Gilbert Dickinson (1830–1913), la mujer de su hermano William, prometidos en 1853 y casados en 1856. La relación que pudo mantener con su cuñada también es objeto de debate, aunque no puede desestimarse la importancia que cobra ésta en su vida, tanto por la correspondencia que nos ha llegado como por su propia obra literaria.
En 1855, realizó un viaje largo con su familia para visitar Washington y Filadelfía. Allí conoció a Thomas Wentworth Higginson (1823–1911), pastor de la Iglesia Unitaria con quien entabló una sólida amistad. Durante esa época su madre se pone enferma y Emily se dedica a cuidarla junto con su hermana. Se va alejando cada vez más del mundo exterior y entre 1858 y 1865 empieza a elaborar los grandes manuscritos de sus obras, pasando a limpio sus antiguos poemas y elaborando otros nuevos. Es su periodo literario más productivo, pero a la vez el más marcado por el retraimiento social, la soledad y el aislamiento. En 1870, su aislamiento es ya extremo. Ya no sale de las tierras de su familia y a duras penas se la ve en el pueblo. Años después, su madre muere en 1882, tras una larga enfermedad y en 1884, muere su sobrino Gilbert de fiebre tifoidea. Emily queda postrada en una silla debido a la enfermedad de Bright. Pocos años después, en 1886, termina su vida. Fue depositada en un ataúd blanco con violetas, heliotropos y orquídeas. Tras los oficios religiosos, sus restos descansan en una parcela privada, propiedad de la familia.
En su obra se repiten algunos temas que se hacen fuertes en la autora y, aunque los poemas no llevaban título o fecha, algunos investigadores sí se atrevieron a realizar una clasificación en tres grandes periodos, aunque muchos de sus poemas son difíciles de situar cronológicamente. Los temas que caracterizaron la obra de Emily fueron la Naturaleza, la religión, las grandes personalidades, los lugares imaginados y la oscuridad, entendiendo por ésta aquellos temas relativos a la muerte, a la enfermedad y al sufrimiento.
Aunque hoy se la considera una autora canónica, sólo algunos de sus poemas fueron publicados en vida. El resto se conocieron de manera póstuma. Fue su hermana Vinnie quien encontró [4] en su habitación un total de cuarenta volúmenes repletos de más de ochocientos poemas. Su obra fue editada en 1890 Mabel Loomis Todd (1856–1932) en colaboración con el pastor Thomas Wentworth Higginson (1823–1911), aunque ésta sufrió ligeras modificaciones para adaptarse al canon poético de su época. Al año siguiente, su sobrina Martha Dickinson Bianchi (1866–1943)[5] realizaría unas nuevas ediciones y posteriormente aparecerían nuevas ediciones como la de Conrad Aiken. En 1955, Thomas H. Johnson realizaría una nueva edición, más fiel a la obra original de la autora y en 1998, R. W. Franklin haría lo mismo respetando la originalidad e innovación de la autora.
Six selected works – Seis poemas escogidos
| Hope is the thing with feathers | La esperanza es esa cosa con plumas |
| Hope is the thing with feathers That perches in the soul, And sings the tune without the words, And never stops at all, And sweetest in the gale is heard; And sore must be the storm That could abash the little bird That kept so many warm. I’ve heard it in the chillest land, And on the strangest sea; Yet, never, in extremity, It asked a crumb of me. | La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma, y entona melodías sin palabras, y nunca se detiene del todo, y suena más dulce en la galerna; y feroz tendrá que ser la tormenta que pueda abatir al pequeño pájaro que a tantos dio cobijo. La he escuchado en la tierra más fría y en el mar más extraño; mas nunca, en la adversidad me pidió una sola migaja. |
| I heard a Fly buzz —when I died | Oí zumbar una mosca —cuando morí |
| I heard a Fly buzz —when I died— The Stillness in the Room Was like the Stillness in the Air— Between the Heaves of Storm— The Eyes around – had wrung them dry— And Breaths were gathering firm For that last Onset —when the King Be witnessed —in the Room— I willed my Keepsakes —Signed away What portions of me be Assignable – and then it was There interposed a Fly— With Blue – uncertain —stumbling Buzz— Between the light —and me— And then the Windows failed —and then I could not see to see— | Oí zumbar una mosca —cuando morí— la quietud de la sala era como la quietud del aire— entre los espasmos de la tormenta—. Los ojos del entorno se habían secado y los alientos firmes se acumulaban para ese último encuentro —cuando el Rey fuera atestiguado —en el salón—. Entregué mis recuerdos— Cedí aquella porción de mí que fuera transferible —y entonces allí estaba se interpuso una mosca— Con tono azul —indeciso, vacilante zumbido— entre la luz —y yo— y entonces cayeron las ventanas —y después no pude ver para ver. |
| I felt a Funeral, in my Brain | Sentí un funeral en mi cerebro |
| I FELT a funeral in my brain, And mourners, to and fro, Kept treading, treading, till it seemed That sense was breaking through. And when they all were seated, A service like a drum Kept beating, beating, till I thought My mind was going numb. And then I heard them lift a box, And creak across my soul With those same boots of lead, again. Then space began to toll As all the heavens were a bell, And Being but an ear, And I and silence some strange race, Wrecked, solitary, here. And then a Plank in Reason, broke, And I dropped down, and down— And hit a World, at every plunge, And Finished knowing — then— | Sentí un funeral en mi cerebro, los dolientes iban y venían arrastrándose —arrastrándose— hasta que pareció que el sentido se quebraba definitivamente. Y cuando todos estuvieron sentados, una liturgia como un tambor— comenzó a latir —a latir— hasta que pensé que mi mente se estaba entumeciendo. Y entonces los oí levantar el ataúd y crujió a través de mi alma con esas mismas botas de plomo, de nuevo, Entonces, el espacio comenzó a repicar. Como si todos los cielos fueran una campana y el Ser no más que una oreja, y yo y el silencio, alguna extraña raza, náufraga, solitaria, aquí. Y entonces una parte de la razón se quebró, y caí, y caí. Y me di contra un mundo, con cada caída Y terminé de saber, entonces. |
| Because I could not stop for Death | Porque no pude detenerme ante la muerte |
| Because I could not stop for Death— He kindly stopped for me— The Carriage held but just Ourselves— And Immortality. We slowly drove —He knew no haste And I had put away My labor and my leisure too, For His Civility— We passed the School, where Children strove At Recess — in the Ring— We passed the Fields of Gazing Grain— We passed the Setting Sun— Or rather — He passed Us— The Dews drew quivering and Chill— For only Gossamer, my Gown— My Tippet — only Tulle— We paused before a House that seemed A Swelling of the Ground— The Roof was scarcely visible— The Cornice —in the Ground— Since then — ‘tis Centuries — and yet Feels shorter than the Day I first surmised the Horses’ Heads Were toward Eternity— | Porque no pude detenerme ante la muerte, ella, amablemente, se detuvo ante mí; el carruaje sólo nos encerraba a nosotras y a la inmortalidad. Avanzamos lentamente, ella no tiene prisa y tuve que dejarlo todo de lado, mi trabajo y mi ocio también, por su cortesía. Pasamos por la escuela donde los niños estudian En el recreo, en el círculo, pasamos los campos de cereal, pasamos el sol poniente. O mejor dicho, él pasó sobre nosotras, el rocío cayó tembloroso y frío, sobre mi tela, mi vestido, mi estola, sólo tul. Paramos antes ante una casa que parecía una hinchazón de la tierra. El techo era apenas visible. La cornisa, estaba en el suelo. Desde entonces, siglos han pasado, y sin embargo, parecen más cortos que un día. Primero yo supuse que las cabezas de los caballos apuntaban hacia la eternidad. |
| My Life had stood —a Loaded Gun | Mi vida ha mantenido un arma cargada |
| My Life had stood — a Loaded Gun— In Corners — till a Day The Owner passed — identified— And carried Me away— And now We roam in Sovreign Woods— And now We hunt the Doe— And every time I speak for Him The Mountains straight reply— And do I smile, such cordial light Opon the Valley glow— It is as a Vesuvian face Had let it’s pleasure through— And when at Night —Our good Day done— I guard My Master’s Head— ‘Tis better than the Eider Duck’s Deep Pillow —to have shared— To foe of His —I’m deadly foe— None stir the second time— On whom I lay a Yellow Eye— Or an emphatic Thumb— Though I than He —may longer live He longer must —than I— For I have but the power to kill, Without —the power to die— | Mi vida ha mantenido una pistola cargada en las Esquinas, hasta que un día el dueño pasó, me identificó y me llevó con él. Y ahora nosotros vagamos en Sovreign Woods, y ahora nosotros cazamos al ciervo y cada vez que le hablo, las montañas responden directamente. Y sonrío, con luz cordial, resplandece el valle. Es como un rostro vesubiano que ha dejado pasar su placer. Y cuando viene la noche y nuestro buen día termina, guardo la cabeza de mi maestro. Es mejor que la profunda almohada de un pato eider. Haberla compartido. A su enemigo, soy su enemigo mortal. Nadie se inmuta la segunda vez sobre quien pongo un ojo amarillo o un pulgar enfático. Aunque yo viva más que él, Él debe vivir más que yo Porque sólo tengo el poder de matar sin el poder de morir. |
| There’s a certain Slant of light | Hay una cierta inclinación de la luz |
| There’s a certain Slant of light, Winter Afternoons, That oppresses, like the Heft Of Cathedral Tunes. Heavenly Hurt, it gives us— We can find no scar, But internal difference Where the Meanings are. None may teach it Any— ‘Tis the Seal Despair— An imperial affliction Sent us of the Air— When it comes, the Landscape listens— Shadows —hold their breath— When it goes, ‘tis like the Distance On the look of Death. | Hay una cierta inclinación de la luz, en las tardes de invierno que oprime, como el peso de las notas de una catedral. Un dolor celestial nos aflige, y no encontramos cicatriz, sino un cambio interior donde residen los significados. Nadie puede enseñarle nada. Es el sello de la desesperación., una aflicción imperial que nos llegó desde el aire. Cuando llega, el paisaje escucha. Las sombras contienen su respiración. Cuando se va, es como la distancia con que mira la Muerte. |
Bibliografía
Dickinson, E. (1986). The Master Letters of Emily Dickinson. University of Massachusetts Press.
Dickinson, E. (1998). The Poems of Emily Dickinson (Vol. 1). Harvard University Press.
Sewall, R. B. (1994). The Life of Emily Dickinson (Vol. 1). Harvard University Press.
Webgrafía
Dickinson Electronic Archives (2026, junio 28). https://www.emilydickinson.org
Emily Dickinson (2026, junio 28). https://www.emilydickinson.net
Notas
[1] También llamada Vinnie. Fue la hermana pequeña de Emily.
[2] Emily estudió en el seminario para señoritas, instruyéndose en la formación religiosa, aunque profundizó en varias materias académicas. No obstante, no encontró allí vocación de misionera y tras caer enferma en primavera, volvió a casa definitivamente.
[3] Leonard Humphrey era director en la Academia de Amherst. Falleció cuando sólo tenía veinticinco años. Su muerte dejó profunda huella en su memoria.
[4] Aunque gran parte de la obra de Emily quedó en secreto, tanto su hermana como Susan como algunas otras figuras contadas que pasaron por su vida, conocían su especial talento y sensibilidad para con la poesía.
[5] Martha (1866–1943) fue la única hija que tuvieron Austin y Susan Dickinson. Los dos hijos varones fueron Edward (1861–1898) y Thomas Gilbert (1875–1883). Ambos murieron antes que su propia madre.
