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Interludio VIII

Interludio VIII

Junku Nishimura, White Shadow (version 2)

Ha pasado muy poco tiempo desde mi anterior interludio; no obstante, he decidido de nuevo adelantarme a la ocasión antes de presentar algunos relatos que puedan pareder desconextualizados. Como siempre, el interludio se me presenta como una oportunidad de reflexionar sobre la evolución del blog, hacer acopio de los relatos presentados en cada temporada y realizar un pequeño boceto de cómo va a ir la siguiente temporada. No obstante, aunque el interludio es una manera de dividir el tiempo en este entorno virtual tan amenazado y eclipsado por las redes sociales, está construido como un cuaderno personal, como una carta dedicada más al lector que a aquellas personas que me acompañaron en aquellos años en los que todavía tuve esperanza.

El interludio anterior vino a sustituir el vacío dejado en 2023, pero fue también una oportunidad de anunciar mi primera publicación oficial, sin pseudónimo ni máscaras. Se trata de Lorchard, una novela que viene a sustituir el proyecto que inicié hace ya varios años y que estaba configurada como un compendio de relatos sueltos. La conclusión de la novela ha sido satisfactoria y a nivel personal, ha sido cerrar una etapa de mi vida. Durante un tiempo pensé en posponer el proyecto y lanzar primero la novela principal, pero Lorchard ha sido en verdad un experimento que me ha obligado a tener en cuenta los principales errores a la hora de escribir. No hablo sólo de la historia y de la dificultad de mantener una línea sólida cuando uno está tan acostumbrado a trabajar sobre relatos dispersos, sino a las cuestiones relativas a la corrección ortotipográfica, estilo y maquetación. En ese sentido ha sido un proceso de aprendizaje que me ayudará, sin lugar a dudas, a acelerar mis futuras publicaciones.

De momento, me he visto atascado en mi vida personal, atragantado con algunos proyectos que creí que me llevarían la mitad de tiempo. Al terminar la novela me perdí con el inglés (incluso creé un nuevo blog en wordpress para escribir en inglés). Recientemente me presenté a la prueba de Cambridge. En verdad fue un shock el verme rodeado de extraños después de tanto tiempo en soledad acompañado sólo de pensamientos y libros. Tengo dudas sobre el resultado del examen, pero la mala noticia es que no saldrán hasta el mes que viene. Hasta entonces, sólo me queda esperar y tratar de aprovechar el mayor tiempo posible. Debido más al cansancio que al tiempo empleado, me vi con la obligatoriedad de dejar apartada la escritura hasta nuevo aviso, pero es posible que antes de sacar una continuación a ese horizonte histórico poblado por detectives de lo oculto, sectas, buscadores de tesoros y personajes anómalos, haga un ligero parón para publicar un pequeño libro más experimental, o bien un compendio de cartas o bien un relato que esté en armonía con otros de los contextos que suelo recrear en mis relatos. Si hasta el momento he conseguido materializar aquello que ya traté de adelantar en algunos relatos como La imposibilidad del caso (2018) y La casa de Semiphoras (2020), ahora ha llegado el momento de desarrollar algunas de las series que poco a poco se han ido abriendo paso en el blog. Una de estas series la denominé en su momento Naufragios, ya que éste se vuelve un elemento común; la otra serie es algo así como un Taller de muñecos rotos, aunque tomando como ejemplo uno de los relatos, es más que probable que la bautice como La feria triste. Si en los naufragios, el objetivo es construir una realidad desde la pérdida, el objetivo de ese teatrillo de marionetas, es tratar de salvaguardar algo después de la calamidad, aunque ese algo ya sea poco más que un recuerdo o una sensación de identidad. Si en el primero, el narrador trata de ascender y crecer a través del testimonio de los supervivientes, en el segundo, mi voz desaparece casi por completo. No soy yo quien habla, sino un otro. En la feria triste, en cuanto conocí al mago, dejé de ser yo para convertirme en un muñequito. Ahora que me encuentro solo con los recuerdos de aquella feria (que sí llegó a existir, al menos en mi percepción) y que a mi alrededor están creciendo muñecos que pronto van a quemar, su razón de existencia cobra mayor sentido.

De momento, para el próximo mes, tengo ya planeado varias cosas en el tintero. Lo primero, compartir al menos uno o dos relatos. Uno será de misterio, evolución de un relato que construí en mi antigua cuenta y otro, una idea de encuentro, un relato donde el amor y el miedo se retuercen ante la figura de lo eterno.  Lo segundo es rehacer el índice del blog para poder organizar mejor los relatos y colocar en ellos algunas explicaciones. Sin las explicaciones pertinentes, algunos de los relatos pueden carecer de sentido o adquirir, en su lugar, una significación superficial. Sin este índice, los relatos pasados sólo son meros recuerdos ante los bots de indexación de los principales motores de búsqueda. Lo tercero es compartir algunos poemas de autor. He visto que mi entrada sobre Anna Ajmatova (1889–1966) ha tenido cierto éxito y alguna persona me preguntó uno de los poemas que colgué de Gertrud Kolmar (1894–1943). No obstante, son tantos los autores que tengo en mente que todavía alguno se puede extrañar que haya pasado tanto tiempo y que no le haya dedicado una entrada a Friedrich Hölderlin (1770–1843), Johann Wolfgang von Goethe (1749–1832), Emily Dickinson (1830–1886), Rainer Maria Rilke (1875–1926) o Marina Tsvetáyeva (1892–1941). En mi defensa he de decir que justo he usado un poema de Rilke para introducir la novela y que recientemente terminé de estudiar la obra de T. S. Eliot (1888–1965), habiendo leído muchos de sus poemas en su lengua original.

A nivel general podría decir que he logrado salvar el año y al menos empezar el año con uno de los proyectos finalizados. Sin embargo, a nivel personal, sigue ese desgaste que me acompaña desde el principio. No han sido días fáciles y especialmente durante esta semana he estado a punto de perder la poca cordura que me quedaba. De eso hablaré en un próximo relato epistolar (en este apartado he añadido dos nuevos destinatarios). De momento, intento mantener la negatividad y el pesimismo fuera, aunque estos ya hicieron nido en mis huesos y me es difícil contemplar la vida si no es con sufrimiento. Pero no todo puede ser horrendo, esta vez he logrado salvaguardar los proyectos y publicar la novela, pero intentar crecer o al menos crear una pequeña comunidad de lectores al margen de las redes sociales, parece una batalla perdida. Es como tratar de vencer a Goliat con un pequeño cúmulo de piedras arenosas que se derriten con el sudor de los dedos. Hablando de redes, la experiencia con Mastodon ha resultado ser un tremendo fracaso, especialmente por la incursión de toda una turba de seres infectos guiados por intelectuales low cost e influencers de marca blanca, que seguramente tarden un tiempo en volver a marcharse a la red de su amo y señor, ya que sin el algoritmo y sin los partner, no son nadie. En Tumblr, la experiencia ha sido más positiva, pero el público es esencialmente anglosajón y aunque ahí me he puesto a escribir un pequeño diario de abstracciones, nunca podré alcanzar un dominio del lenguaje que me permita llevar a cabo un proyecto literario en lengua extranjera.

Hablando un poco de otros temas, estos meses he estado enfrascado en tres frentes abiertos: la búsqueda de un nuevo hogar, la continuidad de mis estudios y la construcción de un proyecto profesional. No obstante, nada ha salido como pensaba. Por una parte, ya casi he encontrado el lugar soñado para vivir, pero si lo dejo todo para ir allí, necesitaría una fuente de ingresos estable a largo plazo (ya que además del terreno, tendría que reformar la casa) y esto sólo lo puedo conseguir mediante réditos profesionales o mediante otro tipo de ingresos adicionales. Los dos primeros son casi excluyentes, porque para trabajar necesito mantenerme cerca de entornos urbanos y la única opción que me queda es o bien tratar de encontrar un puesto de trabajo en un lugar propicio, alejado de la ciudad y a medio camino entre un centro urbano o la naturaleza o bien encontrar un trabajo a distancia, algo que no me parece imposible, pero sí difícil debido al tipo de trabajo que suelo desempeñar.

De momento, voy a iniciar un proyecto que ya anunciaré en mi otro blog. Se trata de formar un pequeño grupo de estudio nacional, con gente racional y formada académicamente. Aunque se trata en principio de un hobby, podría ser el punto de partida para posteriormente crear algún tipo de publicación profesional, una revista, un blog o un canal. De eso ya hablaré en su momento, si es que encuentro a la gente adecuada y los medios necesarios. Antes (2005-2010) se solía decir que Internet era el mejor sitio para encontrar a gente con gustos afines, era una especie de isla perdida ajena a la sociedad. Ahora suele entenderse más bien lo contrario, es necesario alejarse de la red  y buscar en el recóndito mundo analógico para encontrar aquellas almas de fuego y ceniza. Y en esas estamos aquellas personas que todavía recordamos aquella frase que decía algo así como que Internet era un conjunto de blogs.

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