El caso del doble fantasma

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Renato d'Agostin
Renato d’Agostin

Hablando con Rubén, descubrí una singular historia, de esas que transforman la mirada y provocan un repentino cambio en la manera de percibir nuestro pasado. La cuestión es que él trabajaba desde hacía años en un pequeño grupo que investigaba los fenómenos anómalos de la consciencia. No obstante, tras varios abandonos y retornos que sólo reiteraron la compleja amalgama de fenomenologías diversas, hubo un suceso que quiso compartir con mi persona. El sujeto Diego, vivía una vida solitaria hasta que conoció a Rocío, mujer que despertó en él profundos enamoramientos. Sin embargo, algo debió acontecer en la relación que mantenían, pues Rocío desapareció de su vida y Diego jamás volvió a verla. Los archivos no desvelaron el misterio de su desaparición pues si habría sido un fallecimiento habría datos al respecto, ya que el suceso no ocurrió muchos años atrás. Sin embargo, también desapareció de su propia vida, pues sus amigos no volvieron a verla y aunque hubo una denuncia interpuesta a la policía jamás se abrió la investigación correspondiente. Desapareció como si nunca hubiese existido. El hecho de que la investigación no se abriera también desveló nuevas incógnitas, pero el equipo no tuvo acceso a ningún informe, lo cual sugirió en su momento que podía haber algún tipo de documentación confidencial que permaneciera bajo llave. La cosa se puso turbia en los primeros momentos, pero la cuestión es que los datos personales del sujeto abrieron de tal manera las puertas de lo posible, que una investigación que a priori parecía llana, con un simple objeto que investigar, se terminó transformando en un laberinto cuyo horizonte de partida quedaba completamente desdibujado.

La cuestión es que el sujeto experimentó fenomenología anómala en su casa. Escuchaba voces, la temperatura bajaba drásticamente en la habitación a ciertas horas de la noche y cuando iba por el pasillo central hacia el baño, sentía como si alguien o algo le estuviera observando desde un rincón. No había nada que una alteración en el lóbulo temporal no pudiera explicar. Además, la entrevista principal hizo que su testimonio quedara descartado pues los síntomas psicológicos que sufría el paciente eran de tal magnitud que convertía su testimonio en nulo, a pesar de que las emociones pudieran parecer coherentes y lógicas con el estrés sufrido. No obstante, el investigador Tomás al principio quiso ahondar en el caso y tratar de hacer algunas exploraciones en el hogar a pesar de las negativas de sus compañeros. A las pocas semanas la casuística pasó al nivel alarmante a la vez que peligroso. Hugo decidió retirarse del caso sin decir qué es lo que había visto en aquel lugar. Tomás siguió indagando y llegó a acumular toda una serie de pruebas sobre lo que allí parecía estar germinando. Había psicofonías anómalas e incluso llegó a grabar un fogonazo de luz ígnea en el salón de su casa, como una especie de esfera que emergía de la nada estrechándose como un reloj de arena hasta extinguirse en sus dos mitades. Pero antes de que todo aquello llegara a su final, el testimonio de Diego les dejó desconcertados. Se había visto a sí mismo observarse desde el salón cuando estaba en el patio interior regando las plantas. Tanto Rubén como Tomás quedaron consternados por aquel hecho y al principio barajaron la posibilidad de que fuera una simple quimera o que el ente que había podido presenciar guardara un parentesco muy cercano. Pero la cuestión es que las fotos del lugar revelaban siempre una figura borrosa, como si un ente con mucha energía y consideración quisiera manifestarse en la materia que ya había abandonado años o siglos atrás. La investigación iba por buen curso, pero entonces ocurrió el primer hecho. Una simple fotografía en el baño, hecha accidentalmente por Rubén, reveló la figura que se reflejaba en el espejo. Era él, Diego. El equipo barajó varias hipótesis, pues era la primera vez que todos habían podido captar el fantasma de una persona que ya estaba viva. Pero entonces ocurrió el segundo hecho. Diego falleció horas después de revisar la foto. Ni siquiera les dio tiempo a ponerse en contacto con su persona.

Nunca averiguaron exactamente qué es lo que pasó, la cuestión es que lo encontraron en su casa tendido en la cama. Un fallo cardíaco lo había separado de nuestro mundo para siempre, pero todo seguía sin cuadrar. La fecha del fallecimiento no estaba clara puesto que el primer testimonio de los vecinos señaló el día en que dejaron de verle bajar al portal, pero el análisis posterior del forense reveló que seguramente hubiera muerto alrededor de unas treinta y dos horas atrás. Eso situó a Rubén y a Tomás en su hogar cuando él debía haber fallecido. Estaba la posibilidad de que algo hubiera podido afectar la temperatura del cuerpo, algo que el forense no hubiera tenido en mente debido a su natural desconocimiento de los fenómenos que allí se gestionaban, pero aun así era perturbador. Habían estado con él y habían visto lo que él les había dicho, al menos tal como quedó constatado en la fotografía final del cuarto de baño. Rubén y Tomás o bien habían hablado con él o con su fantasma. Seguramente no fuera casualidad que aquella presencia se manifestara tan nítidamente el día de su muerte, pero entonces ¿qué era lo que había estado sucediendo en los días anteriores?, ¿Diego vio su fantasma o una proyección futuriza de su fantasma? y el último día de su vida ¿los investigadores habían estado hablando con el Diego, con su fantasma o con otra entidad? y si así era, ese reflejo del espejo, ¿reflejaría su fantasma real o representaba algo más aterrador?, ¿una premonición manifestada, un fantasma de su primer fantasma? Fueron muchos los interrogantes. Mientras Tomás pareció descartar la teoría del doble y empezó a divagar sobre la posibilidad de presencias futurizas, Rubén se centró en los diarios que había escrito el sujeto, diarios que por cierto no dudo en compartir conmigo.

Era aquello por lo que precisamente había venido a buscarme. No pude imaginar al principio el desconsuelo y el pavor que finalmente sentí al leer aquellas líneas. Eran el testimonio escrito de una persona destrozada por el abandono y la ausencia de razones. Había perturbación en el alma, pensamientos anómalos y sus sentimientos, estando desbordados, parecían conducirle a una compleja despersonalización. En mi intuición terapéutica le comenté a Rubén que quizá ese fantasma se creó en vida, en el mismo momento en el que su corazón simbólico dejó de latir y murió metafóricamente, pues no se trataba de una muerte real o figurada sino una muerte en vida. Y así Diego había permanecido los últimos meses, deambulando entre la vida y la muerte, más vivo que muerto y vivo sólo en el sentido de sufrimiento vivido. Su fantasma le observaba desde la seguridad o maldición de la no vida, atrapado quizás en el momento de la desaparición de Rocío y obligado a revivir una y otra vez aquellos sentimientos que su cuerpo se veía imposibilitado de digerir. Cuando terminé de hablar con Rubén, me dejó el resto de cuadernos y una pequeña caja con un pendrive y algunos documentos relevantes para la investigación. Tras cambiar de tema y hablar de nuestras antiguas investigaciones, le acompañé hasta la puerta y le despedí con un afectuoso abrazo. Me quedé en aquellos momentos absorto por la historia que me había contado y entendí que aquellos diarios iban a ser mi vida durante las próximas semanas de estudio. No obstante, entré en la cocina y sentí mucho frío. Tenía una sensación anómala y el pasillo estaba a oscuras, como si el cielo se hubiese vuelto nocturno. Durante un instante sentí como si alguien me mirara y aunque tuve la idea de entrar en el salón para acceder al balcón y ventilar la casa, algo me lo impedía, era como si temiera ver mi propio fantasma en alguna parte de aquel lugar observándome desde mis propios tormentos.

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